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Mila Lasa

Día 15: vuelta a casa

Catedral de León

¡Por fin! Ya estoy en casa. Después de nueve días de gritos, malos olores y gente rara he vuelto a la realidad. Lo primero que he hecho es ir a casa de mis padres a coger a mi perra, Cane, y después, me he ido a mi piso. En cuanto he llegado, he tirado la maleta al suelo y me he tumbado sobre la cama. No se oía nada, ni un suspiro ¡Qué paz! He estado así un rato, hasta que me ha apetecido beber algo. Mientras iba hacia la cocina, me he cruzado con el contestador y he visto que tenía el botoncito rojo. Tras nueve días fuera de casa, pensaba que me iba a encontrar varios mensajes, pero no ha sido así. Sólo tenía uno y era de mi jefe (que también es mi ex) diciendo que todavía no me podía ir de vacaciones, que debía entregar una especie de memoria del viaje.

balcón del Ayuntamiento

No podía salir todo bien, por supuesto. He borrado el mensaje, he bebido mi vaso de agua y me he puesto a deshacer la maleta. He sacado la caja de pastas de Beatriz, una pastelería que está en la calle Estafeta, muchas postales: la Plaza del Castillo, la Taconera, el encierro…, un pequeño peluche de toro que le había comprado a mi sobrina pequeña y los regalos del mercadillo de Antoniuti. La ropa blanca, por lo menos en su origen, directamente la he tirado a la basura y el resto a la lavadora.
Una vez que he acabado con la maleta, he comenzado con la cámara digital. Me he puesto a pasar todas las fotos al ordenador y elegir las que quería revelar. Sin lugar a dudas mis preferidas son el chupinazo desde el Ayuntamiento, el encierro desde la valla en la curva de la estafeta, y, por supuesto, el "Pobre de mi", el acto que más me gustó de todas las fiestas.

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14 de julio: Por fin

7.00 AM. Me despierta el timbre del móvil. Alargo la mano hasta la mesilla y, depués de tirar un vaso con agua al suelo, consigo cogerlo. Mi voz apenas consigue salir de mi garganta, tan sólo me sale un débil “digame”. Al otro lado del teléfono está mi ex. Rápidamente entiendo que me va a caer encima un gran marrón. No me equivoco, él es de la teoría de que “unos trabajan y otros se llevan la gloria”.Tengo que levantarme para ir a hacer un reportaje sobre la despedida de los gigantes.

gigantes

8.00 AM. Me visto por última vez de San Fermín. Mis pantalones ya no son blancos, sobre todo los bajos, pero da igual, nadie se va a fijar. Me coloco la faja y el pañuelo y bajo a desayunar.

9.00 AM Salgo del hotel. He decidio seguir a la comparsa durante todo su recorrido para presenciar luego como los recogen. No pensaba que iba a ser tan duro. El recorrido es muy largo y con el sol que ha salido hoy parecía imposible llegar hasta autobuses.

13.00 PM Lo he conseguido. No sólo he llegado, sino que he estado en primera fila. He visto su último baile, cómo entraban y cómo los niños lloraban mientras sus padres aplaudían. Ha sido emotivo, aunque demasiado para mi gusto.

20:00 Estoy en la salida de las peñas. Ya se sabe, hoy se despide todo y yo estoy allí. La salida de los mozos ha sido como siempre: ropa rosa, cubos de sangría vacíos y ellos cantando canciones sanfermineras. He hablado con unos cuantos y me he ido.

23:00 Veo los fuegos del último día. Tampoco hay gran diferencia con los que he visto a lo largo de las fiestas. Mucho color, gusanos y, sobre todo, palmeras. Aún así, el público hoy ha estado más activo. Los aplausos no han dejado de sonar durante los casi 15 minutos que han durado.

Pobre de mí



24:00 PM Estoy otra vez en la Plaza del Ayuntamiento, igual que como había empezado. No hay botellas de vino espumoso, huevos ni cola-cao, la gente va en familia y sólo lleva una vela en su vaso. La alcadesa sale al balcón y, después de esperar a que se acabaran unos cuantos silbidos, despide las fiestas. Al final un esperanzador “ Ya falta menos” para todos los amantes de los sanfermines. Entonces, la banda de música, las peñas y todo aquel que estuviera en la Plaza han empezado a entonar el :“Ya falta menos, ya falta menos, ya falta menos, pa San Fermín”. La gente ha empezado a bailar al ritmo de sus propias canciones y han salido de la plaza haciendo una especie de comba detrás de las pancartas de las distintas peñas. Me he unido a una de ellas y, por Chapitela, he llegado hasta la Plaza del Castillo. De ahí, por el Paseo Sarasate hemos acabado en frente de San Lorenzo. Allí había multitud de gente colgando sus pañuelos y dejando su vela. No conocía la tradición. Me he descolgado de la peña y he ido a ver este momento más de cerca. He preguntado y me ha dicho que da buena suerte dejar tu vela en la Iglesia donde está el Santo. Antes lo hacían en el suelo, pero ahora el Ayuntamiento ha puesto unas vallas metálicas especiales para ello. El único requisito es que la vela no se caiga, antes de que te des la vuelta. Como a mí me encantan estas cosas esotéricas, he decidido dejar la vela. Me ha costado bastante rato, pero al final no se ha caído.

00:45 AM Me paso por el mercadillo. La otra vez que estuve había tanta gente que no pude comprar nada, ahora era mi ocasión. Después de recorrer varios puestos, he encontrado los regalos apropiados y me he ido.

02:00 AM Estoy en la cama del hotel. Es mi última noche. Mañana cojo el autobus a las doce de la mañana. Todavía no he hecho la maleta, pero estoy tan feliz de volverme a casa que me da igual. Pongo el despertador y enseguida caigo rendida. El día ha llegado, mañana ya estaré en mi casa, donde debo estar.

11 de julio: una tarde de toros

toreando en Pamplona

Por fin es 11 de julio. Desde que llegué a Pamplona estoy esperando este momento. Hoy es el mejor cartel de toda la feria del toro: Fran Rivera, El Juli y Jesulín. Ya sé que hay toreros de más prestigio, pero este trío son mi debilidad. Y es que yo soy una gran aficionada al toreo. De hecho, voy a todas las corridas que puedo, la Feria de Sevilla, la Maestranza… Aquí no había venido, así que estaba impaciente. Las entradas me las dieron en el periódico, cosa que me sorprendió, pero bueno, me pareció una recompensa por tener que estar aquí. No pensé mal, cosa de la que ahora me arrepiento. Pero para llegar a este punto, hay que retroceder unas horas.
Todo ha empezado a las cuatro de la tarde. Después de echar una pequeña siesta, me he preparado y me he ido caminando tranquilamente hasta la plaza, porque hacía un tiempo espléndido. Algo que me hubiera encantado si no tuviera entradas para sol, pero bueno, el cartel merecía mi esfuerzo. He llegado sobre las cinco y media y he buscado mi sitio. Cuando he llegado hasta él, había un joven sentado. Le he dicho que era mi butaca, pero él me ha indicado que nadie respetaba los sitios.

tendido sol



Como no me apetecía llamar la atención, he decidido sentarme más abajo, vamos, justo al lado de la barandilla. Justo en el momento en el que me he colocado, han comenzado a llegar las peñas con unos cubos enormes. Llevaban toallas por la cabeza, delantales, camisetas con manchas rosas y los pantalones remangados hasta las rodillas. No entendía muy bien el cambio en la indumentaria, pero no importaba, ya faltaban pocos minutos para que comenzara.
Han hecho el paseíllo y las gradas han comenzado a aplaudir. Me ha sorprendido la emoción con la que los jóvenes que tenía detrás cantaban y aplaudían, no es normal en los tendidos. El primero en salir ha sido Jesulín. En cuanto ha puesto un pie en el ruedo, todo el sector que estaba al sol, menos yo, claro, ha comenzado a entonar su inolvidable “Todas, todas, todas, te necesito, todas…” vamos, la canción que hizo hace varios años. Qué falta de respeto. Pero eso no ha acabado allí, mientras hacía los pases han continuado entonando canciones que no tenían nada que ver. A Osasuna, a Indurain… daba igual cualquier cosa, todo menos ver la corrida. El segundo en salir ha sido Fran Rivera. Si con Jesulín se habían metido, con Fran Rivera han sobrepasado los limites. Le han cantado de todo menos guapo y no sólo a él, sino que también han coreado canciones en “honor” a su mujer, Eugenia Martínez de Irujo, y a su suegra, la Duquesa de Alba (que se peine, se peine se peine…). Me ha parecido indignante, no podía disfrutar de la corrida. Los toros, miuras, eran demasiado grandes y no dejaban mucho juego a los toreros, así que el espectáculo no era muy bueno. Por ello, creo que los mozos han decidido ponerse a merendar antes. Para el tercer toro, los grandes barriles que llevaban se han comenzado a abrir. Litros y litros de sangría se empezaban a repartir en vasos de plástico. Ya no cantaban ni miraban la corrida. De espaldas hacia el ruedo, se repartían su merienda. Ya no soportaba más la situación, así que me he dado la vuelta con mala cara. Uno de los mozos, con un delantal ridículo, ha observado mi gesto y me ha tirado una gamba que tenía en la mano. El resto de su peña le ha seguido.

plaza de toros Pamplona



Huesos, pan, jamón y litros de sangría han acabado sobre mí. Cada vez que me quejaba más cosas me caían encima, hasta que al final, sin terminar el tercer toro, me he tenido que ir al hotel. Tan lamentable era mi aspecto que me ha dado vergüenza ir en taxi o en villavesa, así que he tenido que huir como he podido. Si en el chupinazo llegué a la conclusión de que nunca podría estar más manchada, hoy me he superado. Y es que parece que por muy malas que vayan las cosas, siempre pueden ir a peor.

9 de julio: Noche "naranjita"

JJ y su compañera naranjitaHola sanfermineros! Hoy es día 9 y cada año lo dedicamos este día a un color muy especial para mí y mis amigos: el naranja. Os explico. Prácticamente todos los que componemos el grupo de amigos hemos trabajado en San Fermín como Auxiliares de Protección Civil, más conocidos como "naranjitos", debido al color del chaleco que compone el uniforme. Es un buen trabajo y se gana muy bien, la única dificultad es poder acceder a él, ya que las 400 plazas estás muy disputadas. Yo tuve la suerte de poder trabajar como naranjito en los últimos dos años, pero éste ha sido imposible.
Después de esta breve introducción, os cuanto lo que hacemos cada 9 de julio y que ya es toda una tradición. Vamos por los puestos de todos nuestros amigos y estamos con ellos, acompañándoles en el trabajo. Como el trabajo es en la calle, es como trabajar en la fiesta, aunque también hay que aguantar a gente muy desagradable. A continuación, podéis ver algunas fotografías que les he hecho a algún amigo mío esta noche:

Naranjitas


Naranjitos


textoalternativo


Una vez hecho todo el recorrido de la gente que conocíamos nos fuimos al encierro. Qué apasianente ha estado, y eso que sólo hemos visto la curva final de Estafeta, en la zona de Telefónica. Estaba todo llenísimo de gente y como hemos llegado con el tiempo justo, pues nos hemos tenido que contentar con verlo un poco entre las cabezas de la gente que ya estaba guardando sitio desde las 5 de la mañana. La gente hace cualquier cosa por ver el encierro.
¡Qué noche tan entrañable! Qué cantidad de recuerdos han venido a mi cabeza. He recordado mis dos años como naranjito. Los cientos de personas que pasaban por tu puesto para preguntarte dónde estaba tal calle o por dónde pasaban los toros. Esta noche he echado de menos trabajar de protección de civil, el año que viene ojalá pueda. Te lo pasas mejor que saliendo por ahí, porque pasa tanta gente venida de un montón de países, cada uno distinto, que se paran en tu valla o en la caseta del parking (como el año pasado) y te cuentan muchas cosas.
Bueno sanfermineros, que estamos a día 9, que aún queda fiesta por delante y cada día la podrás descubirte en este blog rojiblanco.
Hasta mañana sanfermineros!
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7 de julio: mi primer encierro

encierro, esquina Estafeta

Después de mi experiencia de ayer, hoy me he levantado con más ganas porque siempre he pensado que detrás de un día horrible viene uno mejor. Así que hoy he ido a cubrir mi primer encierro con mucha ilusión. No me ha importado madrugar. De hecho, desde que era pequeña me he levantado pronto para verlos por la tele en directo.
He decidido ir a verlo desde las vallas de Estafeta, porque me parece el lugar más emblemático. Cuando he llegado a las siete estaba todo abarrotado, pero como soy periodista, algo bueno tiene que tener, he podido pasar. He sacado esa horrible acreditación, en blanco y rojo, por supuesto, con la foto en la que parece que acabo de ser detenida, como no podía ser de otra manera mi ex dio la mejor, y me he ido haciendo hueco. La gente estaba muy contenta, vamos, que algunos estaban desayunando cerveza. Así, cuando he conseguido llegar hasta la valla, una cuadrilla de chicos me han empezado a cantar, “Que se vaya, se vaya, se vaya…”. No era mi situación ideal, pero se podía aguantar. Es entonces cuando uno de ellos ha llamado a un amigo suyo que estaba enfrente. Le ha animado a cantar. Y así,poco a poco, se han animado todos hasta que se han convertido en un coro bien orquestado. De hecho, el espectáculo hubiera sido divertido, si no me cantaran a mí. Me he puesto como un tomate, vamos que apenas se notaba cuando comenzaba mi cara y cuando el pañuelo. Al final ha venido un agente de la policía municipal y me ha ayudado a llegar hasta mi sitio. La gente me ha seguido torturando un rato, hasta que ha venido una nueva víctima, una extranjera que iba a correr el encierro con falda. La policía la ha terminado por sacarla del recorrido, junto a otras personas que llevaban mochilas, calzado no apropiado o habían bebido demasiado.

encierro de sanfermines





Las canciones de la gente hacían la espera más entretenida, pero el frío cada vez era mayor. Por fin he oído el cohete que anunciaba que salían los toros. Es entonces cuando montones de mozos han comenzado a correr. Conforme pasaban los segundos, los nervios aumentaban y los mozos cada vez iban más rápido. Hasta que llegó un momento en el que no miraban hacia los lados ni hacían gracias al público, sólo corrían y corrían y de reojo miraban si algún toro les pisaba los talones. Es entonces cuando, un minuto y medio más tarde, han aparecido ante mis ojos. ¡Qué sensación! Lo más emocionante es el ruido de sus pisadas que se dejan oír entre los gritos de la gente. La verdad es que esperaba que algún toro se cayera y diera más espectáculo en la famosa curva en la que estaba, pero parece ser que está vez sí acertó el Ayuntamiento.

chocolate con churros El antideslizante que anunciaron el pasado marzo que iban a echar para evitar que se resbalaran los toros, funciona, y funciona también que ninguno se cayó, ni siquiera un amago. Pasaron todos, en manada, sin crear ningún peligro hasta la Plaza. Así que mi sensación fue única e irrepetible, pero muy breve, como todas las sensaciones imprescindibles de la vida.
Después, me fui a desayunar. Me habían dicho que era muy típico comer chocolate con churros, así que fui a una cafetería de la calle Estafeta para tomarlos. Realmente fue el broche final perfecto para mi primer encierro.

5 de julio: Llegué

Ayuntamiento de Pamplona


Ya he llegado a Pamplona. Me ha costado bastante porque me he perdido al entrar. Dicen que es una ciudad muy pequeña pero tiene miles de entradas, que si norte, sur…vamos, que para la persona que no haya estado nunca no es tan fácil situarse. El hotel está muy bien y el barrio donde está, también. Hay un parque al lado muy bonito, Yamaguchi.
Me he ido a dar una vuelta para ver la ciudad antes de San Fermín. He preguntado a unas personas en la calle cómo se iba al centro desde el hotel y me han indicado que fuera andando, “No tiene pérdida”- me han dicho- “sigue recto, está cerca”. Pero vamos, que cerca es un concepto que creo que no compartimos. He tardado unos veinte minutos en llegar, y eso que no iba despacio. Pero bueno, ya no tiene remedio. Por el camino he pasado por otro parque que era todavía más bonito, la Taconera, y luego he callejeado por el Casco Antiguo de la ciudad. Me ha encantado, sobre todo un lugar llamado El Caballo Blanco. Daba una sensación muy acogedora. He estado un largo rato sentada en un bar que hay allí. Así, he podido contemplar distintos barrios de Pamplona desde las antiguas murallas de la ciudad.
He comido en un restaurante de la calle San Nicolás. Y he continuado mi visita. He ido a la Plaza del Castillo y de allí, por Estafeta, he llegado al Ayuntamiento de Pamplona. ¡Qué decepción! Es mucho más pequeño de lo que me esperaba. Siempre he visto el chupinazo por la tele y parece muy espectacular, pero en vivo el lugar cambia bastante. No te extraña que se llene. A ver que me parece mañana vestido de blanco y rojo.

4 de julio: Adiós playita

Comienza la cuenta atrás. Falta muy poco para que estalle la fiesta y yo aquí en la playita, con el bañador luciendo tipo...Hoy es mi últmo día en Salou, después de unos días de vacaciones con mi familia ya tengo ganas de ir a Pamplona, aunque he de confesar que me lo he pasado genial en estas minivacaciones familiares, sobre todo ayer, que fuimos a Port Aventura y me lo pasé en grande. No me gustan mucho las atracciones de riesgo, pero tengo que reconocer que ayer me dejé llevar y me subí hasta en el "Dragon Kan"
Ahora estaba haciendo las maletas. ¡Madre mía, que de cosas me he traido para sólo unos días...! Ay que se me olvida el cargador del móvil! (un segundo, voy a meterlo a la maleta)
Escribiendo, escribiendo, se me está haciendo tarde. Aún tengo que cenar, iré al Burger King y así me despido de mis amigos de Salou, ya nos los veo hasta dentro de una buena temporadita, qué pena, la verdad es que son unos chicos geniales.
A las 23.00 horas sale el autobús, me gusta viajar de noche, porque así me duermo y aprovecho todo el día 5 en Pamplona, que se me presenta agobiadillo.
No me lo puedo ni creer...¡Qué Sanfermines me esperan! Mi familia con los pies remojándose en la orillita del mar y yo remojándome en la fiesta más esperada del año. Mañana os escribo ya desde Pamplona y os cuento cómo ha ido el viaje y mi llegada a la capital navarra. Mi aventura no ha hecho más que empezar...¿os la vais a perder?
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